Muerte, resurrección, vida es una necesidad vital de expresar las emociones que surgen cuando vuelves a la vida después de una experiencia dolorosa.
A través del color y de la imagen se materializan los distintos estados existenciales: pasión, encuentro, seducción, abrazo, ternura y vida.
Como contraste entre lo «onírico-ideal» y la realidad aparecen los maniquíes, símbolos de las heridas del alma.